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Yolanda Díaz pide a los “hiper ricos” que participen en una recuperación social


La vicepresidente segunda del Gobierno no es Frances Perkins -la ministra de Trabajo de Roosvelt durante doce años- pero está dispuesta a que los ricos ayuden a la recuperación de este país y que el paréntesis impuesto en las restricciones de déficit en la UE se convierta en eterno. Recuperación social de la crisis mediante puestos de trabajo y medidas sociales frente a la recuperación por arriba, “sin los hiper-ricos″, Reserva Federal de Biden frente a Banco Central Europeo (BCE). Díaz, vicepresidenta segunda de Pedro Sánchez, frente a Calviño, vicepresidenta primera. Otra vez y para largo, las dos almas de Sánchez. 

Yolanda Díaz, la vicepresidenta segunda del Gobierno, está empeñada en que la recuperación económica de la ‘Gran Pandemia’ incluya a los “hiper-ricos” de este país, donde los acuerdos de la Cumbre Social de Oporto del pasado 7 y 8 de mayo no queden desdibujados. Ministros del Ecofin frente a ministros de Trabajo que, quizá como la propia Díaz, están dispuestos a intentar que el “paréntesis” en el que han quedado suspendidos los acuerdos de Maastricht—”¿alguien puede imaginar lo que sería volver a límites del 3% para el déficit?”, planteó la ministra de Trabajo—, y las políticas neoliberales y de austeridad extrema que se aplicaron en la Gran Recesión, sean sustituidas por la recuperación social, un pacto interclasista donde deben estar incluidos y arrimar el hombro los ricos de este país.

La intervención tenía lugar este miércoles, 21 julio, después de las siete de la tarde y cuando el Congreso acababa de cerrar el curso parlamentario con la aprobación de cuatro decretos, —el de los interinos incluido, que había originado tensiones con los socios de Gobierno hasta el último minuto, incluida la negociación de la propia Díaz con las colegas del Ejecutivo—. La queja de vascos y catalanes sigue siendo que los socialistas no recuerdan que gobiernan en minoría. 

Acabada la complicada sesión, Díaz cruzó con su equipo la carrera de San Jerónimo, para presentar en la Librería Blanquerna el libro de Andreu Espasa ‘Historia del New Deal. Conflicto y Reforma durante la Gran Depresión’. El asunto del libro y la situación actual, en la era post pandemia —y que la vicepresidenta llevaba subrayado y con notas preparadas— dió para una hora y media de debate ilustrativo, de cierto sosiego, donde las ideas cundieron, bien alejadas de las voces y las agresiones verbales habituales al otro lado de la calle, el Congreso de los Diputados. 

Díaz, la líder con mejor puntuación según el CIS

Díaz acababa de ser valorada por el CIS de José Félix Tezanos como la líder con mejor puntuación, por encima de Pedro Sánchez y Pablo Casado. Algo que, según comentó: “no tengo muy claro que vaya a favorecerme”. El asunto no lo tiene fácil, porque como contrapunto, la vicepresidenta lidera un partido, Unidas Podemos, que sigue cayendo en las encuestas. 

La comparación entre los tiempos del New Deal y la era del presidente Roosvelt y John Maynard Keynes — personajes contradictorios en sí mismos y que no se soportaban, como recordó el presentador, Joaquín Estefanía— era inevitable, pero Díaz recordó que en la Gran Depresión el enemigo era diferente. En esta ocasión presenta la singularidad de que es un virus el que ha ocasionado la catástrofe.

A partir de ahí, la número tres del Gobierno inició una exposición en la que el papel del Estado y lo público “que no es de derechas ni de izquierdas”, no puede limitarse únicamente a los momentos de crisis. Como la salida de esta recesión tampoco puede ser, e intentará que no lo sea, con las medidas de austeridad anteriores. “En un país con un 40% de paro juvenil, tiene que haber un pacto intergeneracional, entre abuelos y nietos, donde se incluya a las mujeres”, reivindicó. Y donde la creación de empleo y las medidas sociales sean la base, como se acordó en la Cumbre de Oporto del pasado mayo: “al menos el 78% de las personas de entre 20 y 64 años debe tener trabajo.  Al menos el 60% de los adultos debe participar en actividades de formación cada año. El número de personas en riesgo de pobreza o exclusión social debe reducirse en al menos 15 millones, entre las que en encuentren, como mínimo, 5 millones de niños”, establecía el acuerdo.

Esas son las tres medidas que firmaron los socios de la UE para 2030, establecidos en el Plan de Acción del Pilar Europeo de Derechos Sociales de la Comisión. Solo que este acuerdo ha quedado bastante diluido en los últimos tiempos y la vicepresidenta segunda pretende no olvidarlo. 

A partir de aquí —y una vez ella recordó que a diferencia de la Reserva Federal (FED, el banco central norteamericano) que prima la recuperación mediante políticas de creación de empleos, mientras que el Banco Central Europeo se emplea a fondo en el control de la inflación— , las comparaciones estaban servidas. 

A los pocos presentes en la sala, entre otros a los que estaban sentados en su mesa, el autor Andreu Espasa y el presentador, el perfil de Frances Perkins, la socióloga y política que fue secretaria de Trabajo de EEUU durante todo los mandatos de Franklin Delano Roosvelt (doce años) y que puso las bases del estado del bienestar — “como el salario mínimo”, recordó Estefanía— estaba servido para compararlos con el de Díaz. Solo que Frances Perkins es muy a menudo ninguneada en la revisión política y económica que se hace de aquella Gran Depresión y sus políticas, devorada por las figuras del propio Roosvelt o Keynes. 

Lo que se juega tras Díaz y Calviño es la salida de una u otra forma de la recuperación tras la pandemia

Es dudoso —imposible— que Yolanda Díaz vaya a aguantar los doce años de Perkins, que como la propia vicepresidenta parece una anomalía en aquellos tiempos. Fue la primera mujer en asumir puesto con rango de ministerio en los gobiernos norteamericanos: “yo son una anomalía, lo reconozco. Y en la UE resulto una socialdemócrata”, comentó la vicepresidenta, pero lo que quedó de manifiesto en la presentación del libro de Espasa — más que interesante— es que Díaz es el alma social del Gobierno. Algo que ya se sabe que ella está dispuesta a liderar —más allá de las poses políticas y de partido— y que es la única salvación de su partido, pero va a tener que enfrentarse —algo que ya sucede— con el alma ortodoxa que representa Nadia Calviño, la vicepresidenta primera. 

Detrás de todos los enfrentamientos —a veces pueriles— que se se producen y se van a producir entre ambas mujeres —peleonas, capaces de sobrevivir ambas con cinco horas de sueño, agotadoras para sus equipos— lo que está claro es que lo que se juega tras ellas es la salida de una u otra forma de la recuperación tras la pandemia. Puede ser una salida de la crisis por arriba, donde los desfavorecidos se queden tirados y la desigualdad cabalgue de nuevo —aunque Calviño está alejada de las políticas de austeridad del durísimo Wolfgang Schäuble y las reglas de Rajoy, siempre se someterá al Ecofin y la ortodoxia— mientras la ministra de Trabajo, la anomalía de este Gobierno, puede quedar sepultada por las auténticas intenciones de la UE y las cumbres de sus colegas de Trabajo, o las de los presidentes de Gobierno. 

Pedro Sánchez tendrá que moderar, elegir y pactar entre ambas mujeres, además de con los socios de un Gobierno en minoría, y con unas encuestas donde la derecha avanza de la mano de la extrema derecha. Y eso va a resultar apasionante en los próximos meses, siempre y cuando se mantengan las formas en el debate y las ideas, y que luego se concreten en las medidas.

Al menos anoche, durante hora y media, en una librería del centro de Madrid, se habló de ideas, soluciones e incluso intentos de alcanzar esos ideales. Tras el ruido de unas horas antes y el curso brutal vivido, un soplo de aire fresco —el personal casi se queda congelado en el salón de actos— sopló por allí abajo. Hasta que los “hiper-ricos” de este país, que no escucharon a la ministra ni sus referencias al debate de la fiscalidad que debe de abrirse, vuelvan a confirmar que está anomalía en el Gobierno debe de salir cuanto antes. 





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